La adicción es una problemática compleja que afecta a millones de personas en todo el mundo. No se trata únicamente de una cuestión de voluntad: la adicción (especialmente si es moderada o grave) implica factores personales, emocionales y sociales que pueden dificultar el proceso de recuperación. Sin embargo, es posible salir adelante y reconstruir una vida plena y satisfactoria.
Toda crisis vital profunda, como lo es una adicción y su recuperación, es un movimiento natural para reestablecer un equilibrio perdido. Nos lleva a toma de decisiones, a cambios, a la acción. Nos muestra lo que estaba oculto para poder ser sanado. Si lo miras desde otra perspectiva, te darás cuenta que puede ser un momento de máxima evolución, crecimiento y aprendizaje.
A través de sesiones individuales, te ayudo a:
Identificar tus principales desafíos y desarrollar estrategias de afrontamiento.
Fortalecer la autoestima y recuperar la motivación.
Trabajar la confianza y la resiliencia.
Celebrar tus logros y superar tus obstáculos.
Gestionar el estrés y la ansiedad.
Trabajar la autonomía y la consolidación de nuevos hábitos.
Si estás list@ para iniciar un proceso de cambio y crecimiento personal, te ofrezco un espacio seguro, confidencial y empático donde sentirte escuchad@ y apoyad@.
¿Es posible tener una adicción y mantener una vida cotidiana normal e incluso exitosa sin caer en la marginalidad o en el caos vital? La respuesta es sí. La adicción puede ser una realidad invisible que afecta a profesionales o estudiantes que, a pesar de su dependencia, logran cumplir con sus responsabilidades. Esto permite ocultar el problema y tiene el peligro de retrasar la búsqueda de ayuda.
Hablamos de la adicción funcional.
A diferencia del estereotipo común, una persona con adicción funcional no ha "tocado fondo" de manera visible. No ha perdido su empleo, no tiene problemas legales ni deterioro evidentes y mantiene una vida social y familiar normalizada. Suelen tener empleos estables o roles de liderazgo. Sin embargo, su confianza, su rendimiento o su equilibrio bienestar físico y mental depende de una sustancia o conducta. Las sustancias de abuso más recurrentes son el alcohol, el tabaco, la marihuana, las drogas estimulantes y los ansiolíticos. También lo son el sexo, las redes o el juego.
El mayor riesgo es que la ayuda suele llegar tarde debido a la negación del problema tanto por parte de la persona adicta como del entorno. Al no haber consecuencias catastróficas inmediatas, el individuo cree que tiene el control, permitiendo que la dependencia avance hasta causar daños orgánicos o colapsos emocionales graves.
Algunos ámbitos laborales como el sanitario, el artístico, la hostelería, la construcción o el mundo empresarial o judicial suelen tener altas tasas de adicción funcional.
En adicciones leves: El coaching puede ayudar a las personas a reconocer patrones problemáticos, establecer límites saludables y desarrollar habilidades de afrontamiento antes de que la adicción progrese. Ayuda a construir una base sólida para una vida sin sustancias.
En adicciones moderadas: Actúa como un puente entre la terapia estructurada y la vida cotidiana, ofreciendo apoyo continuo para mantener la motivación y prevenir recaídas. El coach ayuda a manejar los desencadenantes y a construir una red de apoyo saludable.
En adicciones graves: El coaching complementa el tratamiento intensivo (como la desintoxicación médica o la rehabilitación residencial) al centrarse en la reinserción social y la vida después del tratamiento. Un coach ayuda a aplicar las lecciones aprendidas en un entorno real, a recuperar la función social y a encontrar un propósito de vida significativo.
Realizar un proceso de coaching para recuperarte de una adicción puede abordarse desde distintas perspectivas, dependiendo de las necesidades y aspiraciones personales.
Por un lado, el coaching puede centrarse en el objetivo concreto de superar la adicción, ayudando a mantener la abstinencia, gestionar los desencadenantes y crear un entorno de apoyo que facilite la recuperación en el día a día. En este caso, el proceso se orienta a lograr estabilidad, restablecer rutinas saludables y fortalecer la autonomía y la responsabilidad individual.
Por otro lado, el coaching también puede abrir la puerta a una transformación más profunda, en la que el proceso de recuperación se convierte en una oportunidad para explorar el propio sentido vital, redefinir valores y propósito, y promover un crecimiento personal que trascienda la mera superación de la adicción. En este enfoque, el trabajo se dirige a descubrir recursos internos, potenciar la autoestima y construir una identidad renovada, permitiendo que la experiencia de la recuperación impulse cambios significativos y duraderos en todas las áreas de la vida.
Ambas opciones son válidas y pueden adaptarse a cada momento del proceso personal, según lo que la persona desee y esté preparada para afrontar. El coaching, en cualquiera de estas vertientes, ofrece un espacio seguro y de confianza donde el coachee puede marcar el ritmo, explorar sus inquietudes y avanzar hacia una vida más plena y satisfactoria.
Estar en la llamada Tierra de nadie durante un proceso de recuperación de la adicción (especialmente si son moderadas o graves), es una experiencia compleja y, en muchas ocasiones, muy incómoda. Esta etapa se caracteriza por una sensación de no pertenecer al pasado, pero tampoco a una vida plenamente recuperada. Te encuentras en un limbo, donde las viejas certezas han desaparecido, pero las nuevas aún no han tomado forma. ¿Cuáles son los principales retos que pueden aparecer?
Uno de los principales retos de esta fase es la incertidumbre constante. Las antiguas rutinas y relaciones, asociadas al consumo, ya no forman parte del día a día, pero aún no se han construido vínculos nuevos ni se ha definido un sentido claro de pertenencia. Esta sensación de vacío puede generar ansiedad, tristeza e incluso dudas sobre la capacidad de mantener la recuperación.
Soledad y sentimiento de aislamiento
En la Tierra de nadie, muchas personas sienten una profunda soledad. Amistades o familiares del pasado pueden alejarse, mientras que las nuevas relaciones todavía están en proceso de construcción. Este aislamiento puede hacer que uno sienta que nadie comprende realmente lo que está atravesando, incrementando la vulnerabilidad ante posibles recaídas.
Búsqueda de una nueva identidad
Dejar atrás la identidad asociada al consumo implica un proceso de reconstrucción personal. Sin embargo, en esta etapa intermedia, la nueva identidad aún no está definida. Se produce una lucha interna por encontrar valores, motivaciones y objetivos que sean auténticos y satisfactorios, lo que puede generar frustración y desorientación.
Miedo al futuro
El futuro aparece como algo incierto, y el miedo a no ser capaz de mantener la abstinencia o de no encontrar un propósito en la vida puede resultar paralizante. A menudo, surgen pensamientos negativos y autocríticos que ponen a prueba la confianza en uno mismo y en la posibilidad de cambio.